Bebidas alcohólicas: curiosidades, mitos, historia y riesgos de consumo
Desde sus orígenes prehistóricos hasta su uso actual, el alcohol ha estado presente en la vida humana, alternando entre medicina y recreación. Su consumo conlleva riesgos para la salud, desde deshidratación y resaca hasta enfermedades crónicas y accidentes, mientras que algunos mitos sobre sus efectos, como la “fijación de grasa”, siguen circulando. La columna de Juan Pablo Corleto.
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La historia del alcohol es tan antigua como misteriosa. Se sabe que su presencia acompaña a la humanidad desde tiempos prehistóricos, aunque es difícil establecer con certeza cuál fue la primera bebida alcohólica, cómo se produjo o en qué contexto.
Lo cierto es que su uso se remonta a unos 10.000 años atrás, con registros de preparaciones variadas que, en distintas culturas, cumplieron funciones médicas, sociales o espirituales.
Con el paso del tiempo, el consumo de alcohol dejó de estar vinculado exclusivamente a prácticas medicinales o rituales y pasó a formar parte de la vida cotidiana de muchas sociedades. Sin embargo, también comenzó a evidenciarse su impacto negativo en la salud de la población, al punto de que en algunos momentos y lugares llegó incluso a ser prohibido.
Las bebidas alcohólicas contienen etanol, una sustancia psicoactiva y tóxica que puede producir dependencia. Pese a los riesgos conocidos, su consumo continúa siendo parte del entramado cultural y social de gran parte del mundo.
No hay que perder de vista que el abuso, en cantidad y en frecuencia, puede tener consecuencias graves. Enfermedades hepáticas crónica, pancreatitis aguda, accidentes, caídas, psicosis, ahogamientos y hasta suicidios, son solo algunos de los daños más conocidos asociados a su ingesta prolongada y excesiva.
Uno de los efectos más comunes del consumo de alcohol es el famoso dolor de cabeza al día siguiente. Esa resaca se debe, en gran medida, al estado de deshidratación del organismo.
El alcohol inhibe la acción de la hormona antidiurética, responsable de regular los niveles de líquidos en el cuerpo. Como resultado, se incrementa la necesidad de orinar y, con ella, se pierden más líquidos de lo habitual. Así, el cuerpo se deshidrata, y la cabeza duele.
Otro mito extendido es el que asegura que el alcohol “fija la grasa”. Sin embargo, eso no es cierto. Lo que sucede es que las calorías del alcohol son consideradas “vacías”, ya que no cumplen una función nutricional ni se metabolizan de la misma forma que los hidratos de carbono, las proteínas o las grasas. No se trata de un nutriente esencial, sino de una sustancia que aporta energía sin beneficios para el organismo.
Por eso es importante informarse con profesionales y evitar caer en creencias populares que no tienen sustento científico.
En nuestro país, el consumo de bebidas alcohólicas es legal a partir de los 18 años.
Promover hábitos de vida saludables también implica hablar del alcohol y de la importancia de un consumo responsable. Esa responsabilidad no es sólo individual, sino colectiva: involucra al Estado, a las instituciones, a las familias y a cada uno de nosotros.

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