“Viajeros sin destino”: despejadas las dudas, Pablo y Mariela van rumbo al corazón de Venezuela
Salieron de San Pedro sin destino fijo, con el deseo de recorrer Latinoamérica. Hoy se encuentran en la frontera entre Brasil y Venezuela, y siguen adelante con la misma convicción: vivir la naturaleza, desafiar el camino y perseguir los sueños a bordo de una Zanella Sapucai.
Pablo “Pichuco” Gómez y Mariela siguen en la línea invisible que representa la frontera entre los países: en esta caso, Brasil y Venezuela. Allí, donde reina la incertidumbre y todo se hace con precaución, permanecen firmes junto a su inseparable compañera de ruta: una Zanella Sapucai 150 cc con carrito acoplado, cargada no solo de bolsos.
Cuando partieron desde San Pedro, el 16 de octubre, no había destinos definidos. Solo una certeza: recorrer Latinoamérica siguiendo el sentido de un camino que les permita avanzar y cumplir su cometido. Nada hacía prever que meses después estarían a las puertas de un país sacudido por cambios históricos.
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Tras cruzar Paraguay y Brasil, llegaron hace unos días al límite con Venezuela. El clima era de tensión. Las noticias no despejaban las dudas tras la incursión estadounidense que puso fin al mandato de Nicolás Maduro.
“La situación está bien, está tranquila. Los controles siguen normalmente. Un compañero que viajaba conmigo ya está en Caracas y me escribe diciendo que está todo normal”, contó Pablo a La Opinión, con la serenidad de haber confiado en los reportes que les pasaban.
Esas dudas, compartidas con Mariela, provocaban a una pregunta clave: ¿será posible atravesar Venezuela y salir por Colombia para emprender el regreso por el Pacífico?
La respuesta comenzó a aclararse al encontrarse con otros viajeros. “Ahora estoy con un amigo que anda en moto. Vino desde Costa Rica, entró hace seis meses por Colombia y vivió todo el proceso dentro del país. Él también destaca la normalidad, más allá de lo que muestran las noticias”, relató.
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Agregó, con espíritu de “viajeros por el mundo”: “Para quienes recorremos así, no afecta. Exigen más papelería, sí, pero después adentro está todo bien. La gente sigue siendo la misma: solidaria, cercana, sin problemas con ningún país. Eso es lo que él vio y lo que yo estoy viendo ahora que entré a Santa Elena de Uairén”.
Entre este poblado y Paracaima —apenas 16 kilómetros de distancia— van y vienen según las oportunidades laborales que aparecen, esas que permiten sostener el viaje día a día, con dignidad y sacrificio.
“Creo que este viernes 16, si Dios quiere vamos a ir a la Gran Sabana de Venezuela y ver cuántos días nos quedamos disfrutando”, anunció “Pichuco”, con la emoción de quien está a punto de ingresar a una tierra preciada por todo aventurero.
La Gran Sabana no es un destino cualquiera: son casi tres millones de hectáreas, un bioma tropical majestuoso de mesetas antiguas y paisajes que parecen de otro mundo. Allí se alza una de las maravillas naturales del planeta: el imponente Salto del Ángel, la caída de agua más alta del mundo, con 979 metros de vértigo y belleza.
Mientras tanto, desde la frontera, envió un video que resume el espíritu de esta travesía: “Así está todo en la frontera entre Venezuela y Brasil. Tranquilo, como todos los días. Si Dios quiere, mañana salimos para la Gran Sabana. Estaremos un par de días y después iremos avanzando, kilómetro a kilómetro, hacia otras ciudades”.

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