Paro municipal: escaso acatamiento, crisis de representación sindical y trabajadores endeudados con los gremios
La imposición por decreto del aumento salarial fue el detonante que marcó el precedente porque los gremios no supieron cómo contrarrestarlo. Un relevamiento de las áreas permitió establecer que la medida de fuerza que convocó a las 72 horas de protesta tuvo bajo acatamiento en las ausencias y algunas adhesiones para la "retención de tareas". El grado de endeudamiento de los trabajadores con sindicatos excede las posibilidades de pago.
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El paro municipal convocado la semana pasada dejó en evidencia una profunda inestabilidad en los gremios del sector, luego de registrar un nivel de adhesión mínimo entre los trabajadores.
De las tres representaciones gremiales, solo la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y el Sindicato de Trabajadores Municipales impulsaron la medida de fuerza por 72 horas, mientras que UPCN decidió mantenerse al margen.
La protesta fue convocada en rechazo al aumento salarial del 10 % dispuesto por decreto por el Gobierno municipal, decisión considerada “unilateral” por los sindicatos, al entender que deja de lado el funcionamiento habitual de la paritaria.
Sin embargo, el impacto del paro fue muy inferior al esperado. Mientras el primer día registró una adhesión moderada, el anuncio posterior de descuentos para quienes no se presentaran a trabajar terminó por desactivar la medida.
Los días jueves y viernes prácticamente no se sintió la protesta y, según fuentes oficiales, apenas unos 30 trabajadores se ausentaron, número similar —o incluso inferior— al de los propios integrantes de las comisiones directivas de los gremios que promovieron la acción.
Aunque los salarios municipales continúan rezagados —el básico ronda los $ 540.000—, el Ejecutivo decidió avanzar con el aumento. Según argumentaron desde el gobierno de Cecilio Salazar, el incremento del 10 % a cobrar con los haberes de diciembre permitiría cubrir el costo de vida previsto para 2025.
La mínima convocatoria dejó a los gremios en una posición comprometida que dejó al desnudo cierta desconexión con sus representados y con el universo de trabajadores no sindicalizados que son la enorme mayoría. El resultado expuso un debilitamiento sindical pocas veces visto en el sector público local.
En este escenario, Salazar quedó fortalecido frente a eventuales conflictos, incluso aquellos que puedan derivar en un pleito en el Ministerio de Trabajo. Hoy “tiene la sartén por el mango”.
Otro panorama podría darse si en el futuro las medidas de fuerza nacen “desde las bases”, situación que pondría en mayor aprieto a las cúpulas gremiales y evidenciaría su escasa representatividad actual.
Las denuncias conocidas en los últimos días también podrían ser un punto de quiebre porque los recibos de suldos de los trabajadores expresan un grado de endeudamiento con los sindicatos que será difícil remontar. El tema implica una preocupación extra para la masa de asalariados que no saben cómo pagar lo que ya deben.
El magro resultado del paro abre una nueva etapa en la relación entre el Ejecutivo y los sindicatos, quienes deberán revisar su estrategia tras un llamado a la acción que apenas logró movilizar a unas pocas decenas de trabajadores.
Con retomar los “lazos cordiales” con Salazar no alcanza, cuando la “desobediencia” obrera ha sido mayúscula.

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