Para qué quiero una escritura si “de acá nadie me saca”
Una frase frecuente en muchos barrios encierra una creencia extendida pero equivocada. El abogado Javier Silva explica por qué la escritura no es un simple trámite sino una herramienta clave para garantizar derechos, seguridad jurídica y oportunidades económicas, especialmente en ciudades como San Pedro.
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*Por Javier Silva, abogado especialista en Derecho Sucesorio y Registral
Hay una frase que se escucha en cada barrio: “¿Para qué quiero la escritura, si acá nadie me saca?”
Suena firme. Suena lógica. Pero no es verdad.
En el derecho, lo que no está escrito no existe. Y lo que no existe, no se defiende.
Una casa sin escritura es como una vida sin DNI: está, pero ante el Estado no figura.
La escritura cambia vidas
Donde hay escritura, hay seguridad jurídica. Donde no la hay, hay incertidumbre.
Sin escritura: vender, heredar, pedir crédito o proteger la vivienda se vuelve difícil o imposible.
Con escritura: el hogar se convierte en patrimonio real, defendible y transmisible.
Ese papel no es un trámite. Es blindaje legal para la vida cotidiana.
Salud y tranquilidad
La irregularidad dominial genera estrés permanente:
* ¿Y si aparece otro titular?
* ¿Y si mis hijos no heredan?
* ¿Y si el Estado interviene?
Escriturar baja el miedo. Y sube la tranquilidad.
Dormir sin incertidumbre también es un derecho.
Economía real
Una casa con escritura es un activo. Se puede heredar, hipotecar, vender, donar, subdividir.
En un barrio que se regulariza:
*Crece el comercio
*Llegan servicios
*Hay obra pública
*Suben las oportunidades
Es el derecho empujando la economía desde abajo.
San Pedro: reparar una deuda histórica
En ciudades como San Pedro, donde la informalidad fue la norma, escriturar no es un lujo. Es hacer justicia con quienes construyeron su hogar sin el respaldo del Estado.
Cada firma es una reparación. Cada escritura es una historia que deja de ser vulnerable.
Conclusión
Escriturar no es llenar papeles. Es transformar vidas con un documento que ordena el mundo alrededor de las personas.
La dignidad habitacional no se declama: se acredita, se inscribe y se publica.
Si el Estado quiere ser serio: estar, gestionar y garantizar.
La escritura no es un trámite. Es la herramienta jurídica que vuelve igualitario lo que nació desigual. Donde llega la escritura, la desigualdad retrocede.

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