Mejor Seguridad: cuando la oportunidad se convierte en delito, la ocasión hace al ladrón
La seguridad personal es tan importante como la del hogar. Muchos descuidos cotidianos, como dejar objetos de valor a la vista o no supervisar pertenencias, pueden abrir la puerta a delitos. Tomar conciencia de estos hábitos y estar atentos al entorno ayuda a crear una comunidad más segura para todos.
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Por Ramiro Martínez, especialista en Seguridad Ciudadana, Privada y Corporativa
Muchas personas invierten en seguridad para sus hogares con el objetivo de proteger a su familia, su patrimonio y en definitiva, su calidad de vida. Dormir tranquilos por la noche, ir a trabajar sin preocupaciones o salir de casa sabiendo que la misma está protegida son aspiraciones legítimas y necesarias.
Sin embargo, ¿qué ocurre desde el momento en que salimos de casa y comenzamos a circular por la vía pública? Paradójicamente y sin generalizar, muchas personas olvidan la importancia de la seguridad personal y cómo sus propios hábitos pueden colocarlos en situación de riesgo.
Sabemos que existen distintos tipos de amenazas y también que en gran medida muchos delitos son los llamados “de oportunidad”: el delincuente, motivado por la tentación y la oportunidad que sin darnos cuenta le brindamos, realiza un rápido análisis costo/beneficio. En segundos, decide actuar, del mismo modo en que nosotros valoramos si una compra simple nos conviene o no.
Algunos descuidos habituales que favorecen este tipo de hechos son:
- Dejar el auto apagado pero abierto, sin alarma, “solo un minuto” en la vía pública.
- Mantener el coche encendido y sin control por un breve lapso de tiempo.
- Dejar una bicicleta sin candado afuera de un local.
- Abandonar sobre la mesa de una cafetería un bolso o un celular sin supervisión.
- Dejar elementos de valor a la vista en el interior del vehículo.
- Transportar objetos de interés en el canasto de la bicicleta sin protección.
- Mantener la puerta de ingreso a la vivienda abierta mientras buscamos algo olvidado.
- Olvidar herramientas u otros bienes en la vía pública sin vigilancia.
Ejemplos como estos muestran cómo se concreta el fenómeno: en cuestión de segundos, un ofensor y una víctima (persona u objeto) coinciden en tiempo y espacio y la oportunidad se transforma en delito, muchos debemos conocer el dicho: la ocasión hace al ladrón…
Por eso es fundamental comprender que la seguridad no termina en la puerta del hogar. Sin caer en la paranoia, debemos asumir que el primer responsable de la autoprotección es uno mismo. Prestar más atención a nuestro entorno y modificar pequeños hábitos no solo nos beneficia a nosotros, sino que también ayuda a otros.
En la medida en que más vecinos adoptemos esta conciencia preventiva, contribuiremos a una comunidad más segura, donde los delincuentes dispongan de cada vez menos oportunidades de éxito.

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