Juegos Bonaerenses: la historia de Dylan, un sampedrino apasionado por el deporte que luchó hasta cumplir su sueño
Después de cuatro años de intentos y mucho esfuerzo, el adolescente de 14 años logró cumplir su sueño de llegara la competencia provincial. Alumno de la escuela Industrial, entrena todos los días entre atletismo, boxeo y karate. Su historia refleja el compromiso, la constancia y la pasión de un adolescente que eligió el deporte como camino de vida.
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Los sueños no tienen dueños
Dylan Figueroa tiene 14 años y un compromiso con el deporte que sorprende a todos los que lo rodean. Es alumno de la escuela Industrial, donde cursa doble turno, y aun con una rutina exigente, encuentra tiempo para entrenar todos los días.
“Los pocos días que no tiene taller a la mañana, se va al estadio a practicar atletismo y los demás días, cuando sale de la escuela a las 6.00, ya a las 7.00 está en boxeo o en karate”, contó su madre a La Opinión.
Esa disciplina, que combina esfuerzo, constancia y pasión, lo llevó este año a alcanzar uno de sus grandes sueños: participar en los Juegos Bonaerenses. No fue un camino fácil. Durante cuatro años intentó clasificar sin lograrlo, pero nunca bajó los brazos.
“Es muy dedicado, tiene mucha fuerza de voluntad. Elige el deporte antes que la calle, y eso para nosotros ya es un orgullo enorme”, destacan sus seres queridos.
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Su recorrido comenzó con las primeras competencias locales en el Estadio Municipal, luego siguió en Pergamino y, tras superar cada etapa, Dylan llegó finalmente a Mar del Plata, representando a nuestra ciudad junto a su equipo de atletismo posta.
“Fue todo esfuerzo y compromiso de todos los nenes”, remarcaron desde el grupo que lo acompañó.
Desde su escuela, también recibió un apoyo especial. Sus docentes y directivos le facilitaron los entrenamientos, comprendieron la importancia de su objetivo y hasta le regalaron una muda deportiva con el logo del establecimiento para que pudiera viajar representando a la institución.
“Estamos muy agradecidos por el acompañamiento que tuvo desde el colegio”, expresó su familia.
Hoy Dylan disfruta de haber cumplido su sueño, pero también piensa en lo que viene. La experiencia en los Bonaerenses fue, más que una meta cumplida, un punto de partida. “Ya está entusiasmado para seguir entrenando y esforzarse más para el 2026”, cuentan.
En un tiempo donde no siempre resulta fácil sostener la motivación, Dylan demuestra que con compromiso, constancia, los sueños no tienen dueños, porque detrás de cada medalla hay días de sacrificio, horas de entrenamiento y, sobre todo, un enorme amor por lo que se hace.

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